Visita del Consejo Nacional a Región Norte
En esta segunda entrega, continuamos recorriendo la Región Norte a través de experiencias en las que el amor se hizo encuentro, cercanía y servicio.
Cada abrazo, cada conversación y cada tarea compartida nos recordó que, cuando reconocemos a Dios en el otro, aun los gestos más sencillos se transforman en una expresión de Su amor.
Los invitamos a seguir compartiendo este recorrido, tejido por muchas manos y unido por un mismo propósito.
Día 2. El camino hacia Salta y el sagrado servicio en el Merendero “Belén”
Por la mañana, iniciamos el viaje hacia Salta guiados por Luis Villalba, quien no solo nos condujo a través de la geografía del norte, sino que nos ayudó a contemplar la Divinidad manifestada en la majestuosidad de los paisajes. Al arribar, la comunidad Sai local nos envolvió en un abrazo de inmensa alegría. Compartimos el almuerzo en el nuevo y precioso Centro Sathya Sai, un espacio bendecido que nos recibió con la calidez del hogar espiritual.
Cerca de las 18 h, los hilos del destino nos llevaron al Merendero “Belén”. Allí, en la vereda, nos aguardaba la sonrisa de César. Verlo hoy, un joven de casi 18 años, conmovió las fibras de quienes lo conocimos siendo apenas un niño en la primera etapa del merendero. Tras la partida física de Doña Eva —cuya alma generosa solía ceder su patio—, el amor encontró un nuevo cauce en el hogar de Marisol. Ella abrió sus puertas para que este servicio de amor no se detuviera. En esa bienvenida también estuvo “El Negro”, el noble perro de la casa, que cada sábado aguarda a los niños como un guardián de la ternura, listo para fundirse en caricias y compartir el alimento.
Los pequeños nos saludaron con miradas curiosas, llamándonos con afecto, los “profes”.
La tarde comenzó consagrándose a lo divino a través del canto comunitario. Los niños se sintonizaron con Luis, quien elevaba las melodías desde su guitarra, sostenido por el ritmo sagrado que César marcaba en la percusión. En cada voz infantil brotó una dulzura tan pura para cantarle a Dios, que el ambiente se impregnó de una presencia superior, haciendo brillar nuestros ojos. Es un verdadero milagro contemplar cómo un alma entregada al servicio, —y algunos sábados, dos, cuando Carolina teje los talleres de valores— se convierte en el canal perfecto para que la gracia divina obre tanta transformación en estos corazones.
En ese espacio de entrega, desarrollamos el taller de higiene y salud bucal. Entre risas y entusiasmo, los niños miraron un video educativo, practicaron el cepillado guiado y plasmaron su alegría coloreando dibujos alusivos. Al concluir, sembramos una semilla de cuidado entregándoles cepillos, pastas e hilo dental.
Además, con la guía de Carolina, les obsequiamos libros de cuentos y aventuras, para favorecer la lectura.
El momento de la cena transformó el lugar en un templo. Al servir cada plato, experimentamos la Advaita Vedanta, las Divinas enseñanzas del Bhagavad Gita, donde se explicita la no separación, Bharhmarpanam: Dios es el buscador, Dios es el servidor, Dios es el alimento y Dios es el receptor. No había diferencias; solo una marea de amor circulando entre todos.
Antes de retirarnos a descansar a la ciudad de Salta, entregamos una taza de la Organización a la cocinera del merendero, que llevaba grabada la palabra “Gracias” como tributo a sus manos en entrega a lo sagrado.
Día 3. Comunión en el Centro Sai y el eco de la unidad
La última jornada fue un espacio para la comunión del alma con los devotos de Salta. Iniciamos el encuentro elevando nuestras voces en el canto sagrado de los Vedas, cuyas vibraciones sintonizaron nuestros corazones en una misma frecuencia de paz. En este marco devocional, ofrendamos al Centro una campanita de bronce para convocar a los cantos espirituales (Bhajans) y un paño textil adornado con bordados y espejos, destinado a coronar la entrada como símbolo del paso del mundo secular al espacio de la celebración sagrada.
Tras esa íntima conexión con el Maestro, compartimos un almuerzo sátvico que nutrió el cuerpo y el espíritu, abriendo paso a un círculo de estudio inolvidable. Practicando la escucha activa y empática, abrazamos las dudas, los desafíos cotidianos y las necesidades de nuestros hermanos locales, recordando que las cargas se vuelven ligeras cuando se sostienen en comunidad.
A las 16h, emprendimos el camino al aeropuerto, no sin antes dejar una bandera argentina para el merendero. Nos despedimos con el cuerpo cansado, pero con el corazón expandido y desbordante de bienaventuranza (Ananda), agradecidos por la bendición de haber caminado, servido y amado junto a nuestros hermanos de la Región Norte.